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Hace algunos dìas mi jefe, el GG del kioskito donde trabajo, envió un e-mail super interesante, redactado por Isabella Santo Domingo, acerca del reciente libro que esta escritora, actriz, directora, etc, pero por sobretodo mujer escribió, y cuyo tìtulo es el mismo de este post: "Los caballeros las prefieren brutas" (asumo que haciendo referencia al famoso clásico del cine "Gentlemen prefer blondes" con la actuación de Jane Russell, Marilyn Monroe, Charles Coburn, Elliott Reid, Tommy Noonan, George Winslow)
El objetivo de este post es simplemente resumir un poco la autocrítica de Isabella sobre su libro, y por supuesto, adherir mis comentarios a la misma. En los días siguientes me compraré ese libro puesto que tan solo resumen del mismo me ha revelado verdades acerca de la mujer moderna que yo mismo negaba ( no en vano dicen que las verdades duelen). La crítica de Isabella es en azul, mis coments en lila. Si me siguen, ahí vamos:
Publicar mi libro Los caballeros las prefieren brutas ha sido posiblemente una de las aventuras más aterradoras y a la vez emocionantes de mi vida. Desnudar también mis pensamientos, lo que siento y opino sobre temas como la liberación femenina, el sexo, los orgasmos fingidos, el uso y el abuso de los vibradores y la tal "batalla de los sexos", fue algo así como traspasar la última frontera. Porque de desnudar el cuerpo algo sé. Y gracias a (o por culpa de) la Revista Diners, también lo saben la Asociación Colombiana de Caballistas y el país entero.
Hace algunos años, en esta misma revista, osé subirme desnuda en un caballo para decirle al mundo: "Ésta soy yo, sin disfraces". De la experiencia me quedaron varias cosas: valentía para afrontar los comentarios maliciosos y las miradas lascivas de quienes no supieron interpretar mi gesto irreverente, según algunos, o provocador, según otros, y liberador, según yo; y también me quedó una fuerte pulmonía. El caballo tampoco me volvió a llamar.
Primer punto importante: cada vez que una mujer decide hacer algo de orden fuera de lo tradicional y convencional, tiene que soportar la carga de criticas del mundo, de los hombres ( que fácil es decir que una mujer es de dudosa reputación, o tratar de ver con morbo todo lo que una mjer hace) y de nosotras, las mismas mujeres, quienes a la larga somos nuestras peores enemigas.
Pero es que una cosa es desnudar el cuerpo y otra muy distinta es desnudar el alma. Aquel reportaje fue la primera oportunidad que tuve de defender el papel de la villana ante la sociedad, la primera vez que analicé por qué aparentemente el éxito profesional en las mujeres es diametralmente opuesto a la tan anhelada estabilidad emocional. Y de ahí surgió la idea de escribir un libro. Era 1999 y yo terminaba las grabaciones de Perro amor, una telenovela que me gustó mucho hacer porque me dio la oportunidad de comprobar que la inteligencia es indiscutiblemente sexy pero también que por alguna poderosa razón que aún intentamos descifrar, era sinónimo de soledad. Mi personaje, Camila Brando, al final y por muy sagaz, por muy deseada, como pasa con todas las mujeres inteligentes perdía la partida y al hombre que se disputaba con una pueblerina sin gracia y sin muchos sesos
Que gran verdad! y es que no es lo mismo ser INTELIGENTE que ser ASTUT@. El comentario referente a la villana que caracterizó en Amores Perros me hizo acuerdo a otro caso reciente de la TV Colombiana: Marylin, en donde una mujer, que si bien tiene buenos sentimientos, carece de inteligencia por completo, se queda con el apuesto abogado de buena familia, estudioso, preparado, entrador, dejando fuera de la partida a la novia de siempre, luego esposa, muchacha, a la que si bien tuvieron que agregarle las caracterìsticas de loca obsesiva para que el cambio de "Periquito" entre Lorenza a Marylin valiera la pena, es un personaje de una mujer que luchó por su amor, hasta donde la inteligencia pudo y la astucia ganó.
Entendí, desde aquel entonces, que la mujer independiente, la estratega a la que interpretaba, era la villana con la que el Príncipe Azul no se podía quedar, pues era una verdadera amenaza social. ¿Como en la vida real? ¿O como en las telenovelas, la mujer inteligente es siempre la mala? ¿Será entonces que a pesar de todo lo que hemos logrado gracias al feminismo, nos hemos convertido en las brujas de la historia porque ese es precisamente el prototipo de mujer de la que los hombres tienden a huir.Sea como sea, las mujeres modernas ya no se casan tan fácilmente como antes. Y no es que nos hayamos conformado con nuestras vidas llenas de logros laborales pero vacías en el aspecto sentimental.Es que hemos perdido la humildad. Hemos perdido la habilidad de bajar la guardia y admitir que al final del día seguimos necesitándolos. Sí, porque una pareja bien administrada no sólo sirve para competir sino también para compartir. Para conversar, hacernos el amor, abrigarnos cuando sentimos frío, apoyarnos cuando estamos tristes, para reír, para llorar, para irnos a dormir juntos, abrazados. Y sobre todo, sirve para lo más importante: hacernos sentir protegidas.
Conversando con mi novio, llegamos a la conclusión de que eso es una gran verdad. Pero como preferí no quedarme con la duda, "encuesté" a mis amigos y todos terminaron aceptándo, a la corta o a la larga lo mismo, admiran, desean, necestian a la mujer inteligente, siempre y cuando esa inteligencia no la usen como arma "contra ellos", al menos no de frente.
Esto lo aprendí un poco tarde, cuando a varios buenos prospectos ya los había desechado por detalles ínfimos: no es muy gracioso, o por el contrario, es demasiado payaso, no gana tanto como yo, no viaja tanto como yo, no tenemos los mismos amigos, no piensa como yo. ¿Excusas cobardes? ¿Un pánico incontrolable al fracaso? ¿Soberbia, tal vez? Pero ahora que lo pienso mejor: ¿ser como yo?, ¿y eso qué gracia tiene? ¿Trabajar todo el día, desayunar por ventanilla en el Mac Donald's más cercano porque nunca tengo tiempo para hacerlo en casa? ¿Vestirme en el ascensor porque siempre voy tarde para atender algún compromiso laboral? ¿Maquillarme dentro del vehículo cuidándome de no quedar estampillada con todo y carro contra un poste, de camino al trabajo.
Hey mujeres bloggeras del siglo XXI, esa breve reseña de la vida acelerada de la mujer de hoy no les recortó algo, algo así como a ustedes mismas? A mi mente se me vinieron imágenes del conserje del kioskito llegando al apuro con un yogurt y un sanduche light que tengo que devorar en unos 10-15 min, aprovechando que mi PC está procesando alguna información importante que deberá ser enviada con calidad de urgente a alguna galaxia cercana para cerrar algún tratado de paz entre repúblicas hermanas, o simplemente para concretar una negociación con un 28% de utilidad y no un 25%. Y es que los altos ejecutivos no pueden esperar a que yo me tome la hora de almuerzo para que les envie un fax o un e-mail. Todo lo necesitan para ayer.
Fue entonces cuando entendí que el ama de casa es aquel ser privilegiado, tan subvalorado por nosotras las prepotentes mujeres modernas, que se da el lujo de desayunar y quedar desocupada. Esa que aún puede tener hijos y verlos crecer sin afanes. Esa que antes que nada se siente mujer y que aún goza de la habilidad de disfrutar lo mucho o lo poco. La que no se complica la vida haciendo la fila en el banco para pagar los servicios. La que no tiene idea de qué significan siglas como Codensa, Emsirva o E.P.M. pero que domina a la perfección otros, decididamente más atractivos en términos femeninos, como Gucci, Prada, DKNY... La que decimos que no queremos ser pero que en el fondo envidiamos por haber logrado lo que nosotras, con todo y nuestros triunfos, no conseguimos: estabilidad emocional.
En esto no estoy totalmente de acuerdo. Todos necesitamos estabilidad emocional. Pero en lo que a i respecta, el lograr estabilidad emocional en mi vida no tiene que ser al precio de olvidarme de que antes que nada soy mujer, con deseos de superarme y triunfar en la vida, que si bien tiene un ritmo de vida un poco acelerado, mi objetivo es hacer las cosas de tal forma que pueda darme el lujo de ser en un futuro madre, hija, esposa, ejecutiva y mujer, desempeñándome en cada rol como la mejor. Mi aspiración tampoco es ( sin animos de ofender a nadie, es solo mi forma de pensar) quedarme en casa cocinado, barriendo, haciendo mercado, viendo la novela de moda, educando hijos que en definitiva volarán y formarán su propia familia y esperando a mi esposo para cenar y luego dormir. Espero algo más de la vida, y no creo que lograr la estabilidad emocional me ponga de precio el truncar mis sueños.
¿Qué es lo que está pasando allá afuera para que se haya vuelto tan difícil aceptar la sola idea del compromiso? El problema tal vez no son ellos sino que lo somos nosotras y en lo que nos hemos convertido. El problema radica en que el prototipo de hombre contra el que luchamos, por defender nuestros derechos, es el mismo que le pidió a Dios que sacara a Eva de una de sus costillas, el que descubrió América, el que peleó batallas en continentes lejanos, el que le pone los cachos a su mujer en la película que vimos en el fin de semana. El hombre no ha cambiado. Nosotras sí.¿Será entonces que nos conviene más bien crear un nuevo movimiento, algo así como Machismo por Conveniencia? ¿Un movimiento en el que uno finge que no es tan inteligente ni tan capaz ni tan útil a la sociedad, y en contraprestación ellos nos mantienen? No nos digamos mentiras, hay dos formas básicas de vivir la vida: cómoda o incómodamente. Es decir, mantenidas o asalariadas. Lo fundamental es definir a tiempo qué es lo que se quiere. La liberación femenina, basada como lo está en la libertad económica, no es otra cosa que una especie de esclavitud mejor disfrazada.
¿En qué nos metimos?¿En que nos embarcamos? Qué fue lo que no entendimos bien? ¿Para qué quitarles a ellos la mitad de las responsabilidades que históricamente han tenido con nosotras desde que Dios creó al hombre y nos sacó de una costilla? Si recostarse viene de costilla, y recostarse sigue siendo lo mismo que lo mantengan a uno, ¿por qué entonces asumir obligaciones ajenas y cambiar nuestros beneficios por sobregiros, deudas y préstamos hasta para hacernos un triste manicure?¿Para qué embarcarnos en la tarea de suplantarlos en sus obligacioneshacia nosotras para demostrarles que somos igual de capaces a ellos? ¿Capaces de qué? ¿De pagar las cuentas? ¿De no disfrutar a nuestros hijos por estar siempre ocupadas en el trabajo? ¿De vivir frustradas y solas, sin una pareja estable y capaces de enfrentarnos a ellos en una batalla territorial sin cuartel, una guerra, la única en el planeta en la que, aunque sangrienta, de igual manera terminamos durmiendo con el enemigo? ¿De qué es de lo que somos capaces que nos ha salpicado la vida con tanta soledad?¿Qué fue lo que hicimos? ¿Darles más espacio, tiempo y parte de nuestro dinero para que a ellos les sobrara todo lo anterior, y más, para que pudieran tener hasta moza?
Parte del problema es que nos hemos acostumbrado tanto a competirle a la pareja y a tratar de ganarle, que a la vez hemos aprendido a mirarla por encima del hombro. El hombre que aspire al amor de una mujer independiente debe superarla en todo el sentido de la palabra, y más que nada en el económico, como condición para poder admirarlo.
Y como siempre digo, el paso previo al amor, es la admiración y el respeto. Si no admiras y respetas difícilmente lograrás amar a esa persona.
¿Luchar por conseguir las mismas metas que nosotras, y encima de todo tratarnos como doncellas desvalidas? O se es la doncella o jugamos el papel del dragón secuestrador de princesas, pero ambas cosas no se puede.Por eso se han popularizado tanto las mozas en estos tiempos. Porque ellas, tal vez las más inteligentes de todas las mujeres, juegan a la perfección su papel de mujeres desvalidas y vulnerables, y no nos digamos mentiras, a los hombres les encanta que los necesiten. Es que no hay mujeres realmente brutas. Las más inteligentes de todas son las que fingen que no tienen sesos ni para llegar a un orgasmo. A ellas no las dejan, con ellas se casan. En cambio, las que con orgullo despliegan toda su modernización, las que dictan cátedra hasta para hacer el amor, las que compran el kit completo de Kama Sutra y se muestran muy exigentes, a esas les huyen. Y es que ningún hombre quiere que cualquier tipo de experiencia sexual se convierta en todo un ritual de iniciación.Tampoco les gusta enredarse con la que bien puede acabar con su reputación sexual al sentirse intimidado por ella. Prefieren, eso sí, quedarse con la que creen que puede, más bien, dar testimonio, juramentado si es preciso, de sus habilidades y destrezas sexuales, así sean nulas.
Los caballeros las prefieren brutas no es más que una propuesta de negociación. La humanidad está en un interesante momento histórico en el que los hombres, gracias a nuestra rebeldía, ya probaron lo que era calentarse ellos mismos la comida en un microondas, y no les gustó; en el que las mujeres ya probamos lo que era trabajar, ganar nuestro propio dinero y pagar nuestras propias cuentas, y tampoco nos gustó. Entonces mi propuesta es: negociemos. Sí, queremos que nos mantengan.
Aquí creo que Isabella se equivocó generalizando. YO NO QUIERO QUE ME MANTENGAN, ni quiero ser la tonta que se mata trabajando para dar todo su dinero al "hombre" de la casa. Quiero ser la mujer independiente y completa, que aporta al hogar, y que puede , desde cocinar un pollo al vino hasta desarrollar un plan de marketing completo.
Inconformes como hemos sido las mujeres a lo largo y ancho de la historia, pues es casi una condición genética, siempre queremos lo que no tenemos. Si somos flacas, queremos ser más voluptuosas. Si somos solteras, queremos casarnos. Si estamos casadas, queremos divorciarnos. Y eso sí, siempre nos gusta más la muñeca de nuestra amiga, y cuando crecemos nos gusta más el novio de la otra, así después comprobemos que el nuestro era tal vez mucho mejor. Nos acostumbramos a desear lo ajeno y a quedarnos al final con las manos vacías, y a frustrarnos en el intento. Hoy, como conclusión, admito que a lo mejor no soy tan inteligente como alguna vez creí serlo. Si fuera al contrario, la frecuencia en la que sintonizaría mi vida no sería AM (Asalariada de Mierda), sino más bien FM(Felizmente Mantenida).
¿¿¿Usted en cuál frecuencia está???<>span>
Yo ando por la AM, pero ni en sueños quiero quedarme en una FM. Quiero un día formar un hogar donde la guerra de los sexos se limite al dormitorio. Quiero poder darme el lujo de casarme por todo lo alto, sin apuros y sin andar contando en centavo porque quizás tenga que elegir un salón de recepciones más barato, o porque la lista de invitados tengo que reducirla a la mitad. Quiero saber que cuando me compre un vestido o me haga un manicure, sea porque lo tengo merecido, por mi arduo trabajo como profesional y como mujer, y sin sentir cargo de conciencia de haberme gastado los 30-40-50 usd descompletando el presupuesto mensual. Quiero tener una casa donde mis hijos puedan correr y jugar, y un esposo que no crea que porque yo aporto al hogar tiene derecho a olvidar sus obligaciones, o mucho menos, creer que aún asi puede someterme a su voluntad. No se en que frecuencia están uds mujeres bloggeras. Pero por ahora yo estoy en un cómodo AM y mis aspiraciones no son "hacerme de marido" como dicen por ahi, y cambiarme a la FM, sino desarrollarme como ser humano, que el resto viene justo en el momento cuando tiene que venir.